UNID Campus Tehuacán
Por: Karla Flores Flores
Profesor: Jose Alfonso González Jiménez
Las diferencias entre verbos, adverbios, conjunciones y preposiciones.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
¡Hola, que tal!
En esta ocasión vamos a revisar los verbos, adverbios, conjunciones y preposiciones, para ello subí un fragmento del libro "El principito" capítulo VII, a través del cual identifique cada una de estas categorías gramaticales subrayándolas de colores diferentes. Te invito a que lo puedas leer tu también y revises las diferencias de cada uno para comprenderlos mejor.
Idea principal del
capítulo: la diferencia entre las preocupaciones de los adultos y la
sensibilidad del principito. Mientras que el señor tiene un problema que
considera serio y responde insensible a la pregunta del principito, éste en
cambio se siente preocupado por la fragilidad de su flor.
Mensaje que el autor
quiere transmitir: El autor destaca la importancia de cuidar las cosas que
manos y darles valor aunque sean pequeñas, en lugar de preocuparse por cosas
“serias” pero que no le dan valor a nuestra vida.
Texto
VII
Al quinto
día y también en relación con el
cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida del principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente meditado
en silencio:
—Si un cordero se come
los arbustos, se comerá también las flores ¿no?
—Un cordero se come todo
lo que encuentra.
—¿Y también las
flores que tienen espinas?
—Sí; también las
flores que tienen espinas.
—Entonces, ¿para qué le sirven las
espinas? Confieso que no
lo sabía. Estaba yo
muy ocupado tratando de
destornillar un perno demasiado apretado
del motor; la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la
circunstancia de que
se estuviera agotando mi provisión de agua, me hacía temer lo
peor.
—¿Para qué sirven
las espinas? El principito no permitía nunca que
se dejara sin respuesta
una pregunta formulada por él. Irritado por la resistencia que me oponía el
perno, le respondí lo primero
que se me ocurrió:
—Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las
flores.
—¡Oh! Y después de un silencio, me dijo con
una especie de rencor:
—¡No te creo! Las
flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como
pueden. Se creen terribles con sus espinas…
No le respondí nada; en aquel momento me estaba
diciendo a mí mismo: "Si este perno me resiste
un poco más, lo haré saltar de un martillazo". El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos:
—¿Tú crees que las
flores…?
—¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier
cosa para que te
calles. Tengo que ocuparme de cosas
serias. Me miró estupefacto.
—¡De cosas serias! Me miraba
con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo
que le parecía muy feo.
—¡Hablas como las personas mayores! Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió:
—¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!
Estaba verdaderamente irritado; sacudía la
cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados.
—Conozco un
planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una
estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que
sumas. Y todo el
día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy
un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso
no es un hombre, ¡es un
hongo!
—¿Un qué?
—Un hongo. El principito estaba pálido de cólera.
—Hace millones
de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar
por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no
les sirven para nada?
¿Es que no es importante la guerra de los
corderos y las flores? ¿No es esto más serio
e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una
flor única en el mundo que no existe en ninguna parte
más que en mi planeta; si yo sé que un buen día
un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de
ello, ¿es que esto no es importante?
El principito enrojeció y después
continuó:
—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un
ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir
satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero
si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas
las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante!
No pudo decir más y estalló bruscamente
en sollozos.
La noche había caído. Yo había soltado las
herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en
una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, ¡un principito a quien consolar! Lo tomé en
mis brazos y lo mecí diciéndole: "la flor
que tú quieres no corre peligro…
te dibujaré un bozal para tu cordero y una
armadura para la flor…te…". No sabía qué decirle, cómo consolarle y
hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso
el país de las lágrimas!
Referencias:
Imagen: Castro, M. F., & Castro, M. F. (2024, January 20). ‘El Principito’, reseña y características de la obra de Antoine de Saint-Exupéry. Red Historia. https://redhistoria.com/el-principito-resena-y-caracteristicas-de-la-obra-de-antoine-de-saint-exupery/
Baptiste Roger, A. M.
J. (2003). El Principito [La Biblioteca Virtual de la UEB]. Henry. https://www.agirregabiria.net/g/sylvainaitor/principito.pdf

Comentarios
Publicar un comentario